Apuntes

La plaza de Badajoz en la feria de San Juan

21 de junio de 2026

Plaza de toros de Mérida. En la provincia hay varias plazas de este porte, más allá de la capital. Foto: Zarateman · CC0

Junio se nota en Badajoz antes de que llegue. Cambian los horarios de las terrazas y aparecen vallas en calles que el resto del año son de simple paso. En las conversaciones empieza a colarse la palabra feria sin que nadie aclare cuál, porque no hace falta: la de San Juan es la fiesta grande de la ciudad y ordena buena parte de la vida de esas semanas.

Los toros están dentro de ese mecanismo. No en el centro del programa, pero tampoco como apéndice de última hora.

La plaza dentro de la ciudad

En muchas capitales de provincia la plaza acabó quedando fuera del casco antiguo. Se levantaba en lo que entonces era el borde de la población, la ciudad creció después a su alrededor y hoy el edificio tiene bloques de vivienda enfrente y tráfico normal en la puerta. Badajoz no se aparta demasiado de ese esquema. Buena parte del año la plaza pasa desapercibida, con las taquillas cerradas; quien pase por delante en noviembre puede no reparar en ella.

Cuando se acerca junio vuelve a funcionar como referencia urbana: sitio donde quedar, punto al que se llega andando desde media ciudad. Alrededor se mueven las peñas y los clubes taurinos, que son quienes mantienen el asunto vivo los otros once meses, cuando no hay festejos y todo se reduce a charlas y alguna comida de socios.

San Juan manda en el calendario

La feria se celebra en torno al día de San Juan, ya con el verano encima y el calor instalado. El programa municipal se publica con semanas de antelación y suele incluir música, actividades para niños, casetas y fuegos. Los toros ocupan ahí su hueco, normalmente en varias tardes.

Y eso condiciona lo demás. El ciclo taurino no se organiza en el vacío, sino encajado entre conciertos que empiezan tarde y una ciudad que a esas alturas duerme poco. Los horarios se piensan para que quien sale de la plaza pueda enlazar con el resto de la noche sin prisas. La hostelería del entorno trabaja esos días a otro ritmo.

Cómo se arma un ciclo de toros

Muchas plazas son de titularidad municipal y se gestionan por norma a través de una empresa que obtiene la explotación mediante un concurso público. El pliego fija condiciones, desde un número mínimo de festejos hasta mejoras en el edificio. La empresa asume el riesgo. A cambio contrata a los toreros y compra las reses a las ganaderías.

De los carteles al ruedo

La combinación de nombres y hierros se anuncia con antelación suficiente para que se venda el abono, en un cartel que se lee de arriba abajo. A partir de ahí el trabajo es menos visible. Hay que pasar los reconocimientos veterinarios, cumplir con los permisos de la autoridad competente y dejar los corrales listos.

La mañana del festejo se hace el sorteo: los apoderados emparejan las reses y el azar decide qué lote le toca a cada espada. Luego viene el apartado, cuando cada animal se lleva a su chiquero. Por la tarde manda la presidencia desde el palco, con ayuda de asesores, y es quien marca los cambios de tercio y concede los trofeos.

Horarios y entradas

En junio no se torea con el sol alto. Los festejos se retrasan hasta bien entrada la tarde, a veces casi al anochecer, para esquivar lo peor del calor, que en Extremadura no es un detalle menor. Las puertas abren un rato antes y conviene aprovecharlo: una corrida arranca puntual y entrar con el paseíllo ya en marcha resulta incómodo para todos.

Sobre las localidades, cuatro cosas prácticas:

Una corrida entera viene a durar un par de horas, con pausas breves entre res y res. Nadie se levanta a media faena.

El ambiente fuera del ruedo

La hora previa tiene su propio ritual. Los bares cercanos se llenan de gente vestida con cierto cuidado, se venden almohadillas en la puerta y circulan comentarios sobre el ganado que alguien ha visto por la mañana en el apartado. Hay quien lleva una radio pequeña para escuchar la retransmisión mientras mira, y quien mata la espera con el móvil; si eso acaba en una aplicación de casino, conviene saber qué se mira antes de poner dinero.

Dentro, la banda marca los tiempos.

Al salir, la discusión sigue en la calle. Ahí se nota mejor que en ningún sitio la diferencia entre una tarde cualquiera y una tarde de feria: nadie se va a casa. El público se reparte entre las casetas y el centro, y lo ocurrido en el ruedo se mezcla con todo lo demás hasta que se hace de madrugada.

Si es la primera vez

El festejo tiene un orden fijo que se repite siempre igual, así que a la segunda tarde ya se reconoce. Si la localidad es de sol, mejor llevar algo para la cabeza. Y no está de más preguntar antes en el club taurino o en cualquier peña, porque suelen explicar de buena gana lo que uno va a ver.

Luego la feria se apaga. La plaza se queda callada otra vez y la ciudad recupera su horario de siempre, hasta el junio siguiente.

Antes de ir

El programa oficial de la feria, con horarios y el resto de actos, lo publica el Ayuntamiento de Badajoz cuando se acerca la fecha. Los carteles y la venta de localidades salen más tarde, ya con el ciclo cerrado.

Un consejo que no cuesta nada: comprueba la hora impresa en la entrada. En junio, en Badajoz, no es lo mismo entrar a una plaza a las siete que a las nueve.