Apuntes

Cómo se lee un cartel de toros

2 de junio de 2026

Plaza de Tiedra, septiembre de 1932. Se lee de arriba abajo: la plaza, la clase de festejo, la ganadería, los nombres por orden de antigüedad y, al pie, la hora y las notas en cuerpo menor. Foto: Imprenta de Luis Calderón, Valladolid · Public domain

Llega el papel doblado, o la foto del cartel en el móvil, y lo primero que se ve es ruido tipográfico. Nombres en grande. Un escudo, una fecha, una hora y, abajo del todo, un bloque de letra diminuta que casi nadie lee. Parece decoración. No lo es: cada línea contesta una pregunta que el espectador se hace antes de pagar la entrada, y el orden en que aparecen tampoco es caprichoso.

El orden de arriba abajo

La estructura se repite en casi cualquier plaza, con variaciones de diseño pero no de fondo:

Quien sabe saltar de una línea a otra decide de un vistazo si le interesa la tarde.

Qué significa la categoría de la plaza

El reglamento distingue tres categorías de plazas fijas. Las de primera son pocas: cosos de ciudades con temporada larga y público que va mucho. Las de segunda suelen corresponder a capitales de provincia o a ferias bien asentadas. El resto entra en tercera.

La categoría no es un adorno. De ella dependen exigencias bastante concretas: la edad y el peso mínimos que se piden a las reses, los servicios veterinarios, la enfermería, el número de animales de reserva que esperan en los corrales por si alguno es rechazado en el reconocimiento. Cuanto más alta la categoría, más estricto el filtro. Para el que compra su primera entrada la traducción es sencilla: toro más hecho, entrada más cara.

La categoría a veces figura impresa. Muchas otras se da por sabida.

La ganadería anunciada

Es la línea que el aficionado mira antes que los nombres de los toreros, y eso desconcierta al recién llegado. La fórmula habitual es «seis toros de la ganadería de…», con el hierro impreso al lado, el pueblo donde pasta el ganado y la divisa, que son los colores con los que se identifica a la casa cuando el animal salta al ruedo.

Algunos carteles añaden la procedencia o el encaste. Sirve de pista sobre el comportamiento esperable. Nunca de garantía: dos camadas del mismo hierro pueden dar tardes opuestas.

Si el festejo mezcla varias ganaderías, el cartel las enumera. Cuando aparece un solo hierro, todos los animales salen de la misma casa.

Cuántas reses y de qué clase

Lo corriente son seis reses para tres espadas: dos por cabeza. Si el cartel anuncia seis y solo dos nombres, se trata de un mano a mano y cada uno matará tres. Un nombre solo, con seis toros, es una encerrona. Se ve poquísimo.

La palabra que precede al número pesa tanto como el número. Si dice toros, habrá picadores y quienes maten serán matadores de alternativa. Si dice novillos, es una novillada: reses más jóvenes y toreros que todavía no han dado ese paso. Y si además especifica sin picadores, no entrarán caballos en el ruedo y el festejo dura bastante menos.

El rejoneo se anuncia aparte, porque se lidia a caballo y el tercio de varas desaparece. El festival es otra cosa: traje corto en lugar de vestido de luces, reses de menos edad y, por norma, fin benéfico.

El orden de los espadas

Se leen de izquierda a derecha, del más antiguo al más moderno. La antigüedad no tiene que ver con la edad del torero, sino con la fecha en que tomó la alternativa. Alguien de cuarenta años puede cerrar el cartel si se doctoró tarde.

Ese orden gobierna la tarde entera. Quien figura en primer lugar mata el primer toro y el cuarto, el segundo se ocupa del segundo y del quinto, y el que cierra el cartel lidia el tercero y el sexto. También ordena el paseíllo, donde por costumbre el más moderno ocupa el centro y los dos más antiguos, los extremos.

Si uno resulta herido y pasa a la enfermería, sus toros se los reparten los compañeros con ese mismo criterio de antigüedad.

La hora y la letra pequeña

La hora impresa es la del paseíllo, no la de apertura de puertas. Conviene estar sentado antes: en muchas plazas no se permite ocupar la localidad mientras hay una res en el ruedo, y quien llega tarde espera de pie en el pasillo hasta el arrastre.

Junto a la hora suele ir una fórmula vieja: «si el tiempo no lo impide». El pliego que encabeza esta entrada la trae ya en la segunda línea, impresa en 1932. Quiere decir que se torea con lluvia o sin ella, salvo que la presidencia decida suspender.

Debajo, en cuerpo minúsculo, están los tipos de localidad. Sol, sombra y sol y sombra no son categorías de comodidad sino de temperatura, y en pleno verano la diferencia entre un tendido y otro se nota en el cuerpo. La barrera es la primera fila, pegada al callejón, y el precio va bajando según se sube: contrabarrera, tendido, grada, andanada. Desde arriba se ve la lidia entera y se entiende mejor cómo se mueve el toro. Desde abajo se oye.

Con eso basta para elegir. El resto del cartel es tipografía.